Luna de lobos: Resistencia antifranquista en la España de 1937

Resumen con spoilers de: Luna de lobos (1986) de Julio Sánchez Valdés

Duración:107 min.
Dirección:Julio Sánchez Valdés
Guion:Julio Sánchez Valdés, Julio Llamazares (N.: Julio Llamazares)
Fotografía:Juan Molina Temboury
Música:Bernardo Fuster y Luis Mendo
Reparto:Santiago Ramos (Ramiro), Antonio Resines (Ángel), Álvaro de Luna (Gildo), Kiti Mánver (María), Fernando Vivanco (Sargento), Cristina Collado (Juana), Jesús Cisneros (Juan), César Varona (Capitán), Rubén Tobías (Don José), Enrique Navarro (D. Manuel), Frank Braña (Arriero).

Luna de lobos es una película que retrata con crudeza y realismo la lucha de un grupo de guerrilleros antifranquistas en la España de 1937, en plena posguerra tras la derrota en la Guerra Civil. La historia se centra en su lucha por sobrevivir en las montañas de Asturias y León, enfrentándose a la represión de la Guardia Civil y a las traiciones que amenazan su resistencia clandestina. La película muestra cómo estos personajes, marcados por la pérdida y el sufrimiento, recurren a robos, emboscadas y alianzas peligrosas para mantenerse con vida y planear una fuga hacia la libertad en Francia.

Desde el inicio, la historia presenta a Ramiro, apodado el Manco, por la pérdida de una mano en combate, y a Ángel, conocido como el Maestro, quienes junto a su hermano Juanín y Gildo, luchan por mantener viva su resistencia. La narrativa se desarrolla en un ambiente de tensión constante, donde cada decisión puede significar la vida o la muerte, y donde la traición acecha en cada esquina. La película combina escenas de acción con momentos de desesperación y esperanza, reflejando la crudeza de una época marcada por la represión política y la lucha por la libertad.

La lucha en las montañas y las alianzas peligrosas

Tras la derrota en la guerra civil, los guerrilleros se refugian en las montañas, donde deben mantenerse ocultos y en constante movimiento para evitar ser capturados por la Guardia Civil. En ese contexto, la clandestinidad se vuelve su única opción, y la necesidad de recursos los lleva a cometer robos y emboscadas contra las fuerzas de seguridad. En su lucha por sobrevivir, establecen alianzas con personajes ambiguos, como María, la novia de Ramiro, quien también mantiene una relación clandestina con el sargento Argüello, representante de la autoridad franquista. Estas relaciones complican aún más su situación, ya que la traición puede surgir en cualquier momento, poniendo en riesgo toda la resistencia.

Mientras tanto, los guerrilleros planean una fuga hacia Francia, que consideran su única oportunidad de libertad. Para ello, secuestran a un director de mina con la intención de obtener dinero suficiente para pagar un tren y un barco que los lleve a la frontera. La tensión aumenta cuando, en un acto desesperado, Gildo y otros miembros del grupo asaltan la mina y toman al director como rehén, enfrentándose a la posibilidad de ser descubiertos y capturados. La película muestra cómo la esperanza de escapar se mezcla con el temor constante a la traición y la captura, en un escenario donde la confianza entre ellos se va desgastando.

La traición y las pérdidas irreparables

La traición llega cuando Argüello, el sargento que mantiene una relación con María, descubre el plan de fuga y decide delatar a los guerrilleros. Entonces, en una emboscada, la Guardia Civil captura a Gildo y a otros miembros del grupo, dejando a Ramiro y Ángel en una situación desesperada. En ese momento, Ángel resulta herido de gravedad en un enfrentamiento, y a pesar de sus esfuerzos por salvarse, muere en un tiroteo en el bosque, dejando a Ramiro sumido en una profunda tristeza y en una mayor determinación por continuar la lucha. La pérdida de Ángel simboliza la brutalidad del conflicto y el precio que pagan quienes se enfrentan a la represión.

Por otro lado, Juanín, el hermano menor, es capturado y torturado por la Guardia Civil, quien finalmente lo entierra vivo en un acto de crueldad extrema. La película muestra cómo la violencia y la traición se convierten en parte del día a día de estos guerrilleros, quienes ven cómo sus seres queridos son asesinados o desaparecen sin posibilidad de rescate. La muerte de Juanín, en particular, marca un punto de inflexión en la historia, pues deja a Ramiro con una sed de venganza y una voluntad aún más fuerte de resistir, aunque cada vez más aislado y vulnerable.

La búsqueda de ayuda y la esperanza rota

Tras la captura y muerte de varios de sus compañeros, Ramiro logra escapar de la cárcel y busca ayuda en un cura del pueblo, quien le revela el lugar donde enterraron a Juanín, en un acto de misericordia y complicidad. Sin embargo, la esperanza de una vida mejor se va desvaneciendo a medida que la represión se intensifica y la vigilancia de la Guardia Civil se vuelve más estricta. La película muestra cómo, en medio de la desesperanza, Ramiro continúa luchando por mantener viva la memoria de sus amigos y por encontrar una forma de escapar, aunque cada intento termina en fracaso o en la pérdida de alguien más.

En 1946, casi una década después de los hechos iniciales, Ramiro se encuentra solo, marcado por la pérdida de sus seres queridos y por la vigilancia constante de las autoridades franquistas. La historia refleja la dureza de la represión política y cómo la resistencia, aunque heroica, tiene un costo muy alto. La soledad y el sufrimiento se apoderan de él, y en un acto final de resistencia, decide huir hacia la frontera en un intento desesperado por alcanzar la libertad, enfrentándose a la muerte y a la incertidumbre en su camino hacia la frontera.

La huida final y el acto de resistencia definitiva

En los últimos momentos de la película, Ramiro, agotado y con la esperanza casi perdida, se prepara para cruzar la frontera. La escena muestra su determinación de no rendirse, a pesar de las heridas físicas y emocionales que lleva consigo. La vigilancia de la Guardia Civil es intensa, y en un momento de tensión máxima, Ramiro logra atravesar los controles y llegar a la frontera, donde se enfrenta a la posibilidad de ser capturado o muerto. La película termina con su figura desapareciendo en la oscuridad, simbolizando la resistencia y la lucha por la libertad en un contexto de represión implacable.

El acto de huir representa la última esperanza de los guerrilleros y su compromiso con la causa antifranquista, aunque también refleja la imposibilidad de escapar completamente del sufrimiento y la violencia que marcaron esa época. La historia de Ramiro y sus compañeros queda como un testimonio de la resistencia en tiempos de opresión, mostrando que, incluso en las circunstancias más adversas, la lucha por la libertad puede ser un acto de valentía y sacrificio que trasciende la muerte y la derrota.

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