Resumen con spoilers de: La pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer (La passion de Jeanne d’Arc)
| Duración: | 110 min. |
| Dirección: | Carl Theodor Dreyer |
| Guion: | Joseph Delteil, Carl Theodor Dreyer |
| Fotografía: | Rudolph Maté |
| Música: | |
| Reparto: | Maria Falconetti (Jeanne d’Arc), Eugene Silvain (Obispo Pierre Cauchon), André Berley (Fiscal Jean d’Estivetl), Maurice Schutz (Canónigo Nicolas Loyseleur), Antonin Artaud (Jean Massieu), Gilbert Dalleu (Jean Lemaitre), Jean d’Yd (Guillaume Evrard), Louis Ravet (Jean Beaupère). |
La pasión de Juana de Arco es una película que se ha consolidado como una obra maestra del cine mudo y del expresionismo, dirigida por Carl Theodor Dreyer en 1928. En ella, se reconstruye de manera intensa y emotiva el proceso judicial que enfrentó Juana, basada en las actas reales del juicio, y se centra en el drama de una joven creyente que desafía a un tribunal lleno de teólogos y juristas, sin armas ni armadura, solo con su fe y convicción. La película destaca por su estilo visual innovador y por la interpretación icónica de Maria Falconetti, que transmite con intensidad el sufrimiento y la dignidad de Juana.
Desde el inicio, la película presenta a Juana en su celda, donde se prepara para su juicio, mostrando su pureza y determinación. El tribunal, presidido por el Obispo Cauchon, la somete a una serie de interrogatorios que buscan desacreditarla y demostrar su herejía, pero ella mantiene una postura firme, afirmando que sus visiones y su misión divina son reales. La tensión crece a medida que los jueces emplean preguntas capciosas y métodos de tortura psicológica para doblegarla, mientras ella, con fe inquebrantable, se aferra a sus creencias y a su amor por Dios.
El juicio y las acusaciones
A medida que avanza el juicio, Juana es sometida a una serie de interrogatorios cada vez más agresivos, en los que los jueces intentan demostrar que sus visiones son producto de locura o engaño. Los jueces, en su afán de desacreditarla, le preguntan si reconoce que sus visiones son falsas, y ella responde con sinceridad, afirmando que ha visto a santos y que su misión es salvar Francia. Sin embargo, los jueces, en un intento de manipularla, le insinúan que debe retractarse y abandonar su identidad de mujer en público, para que quede claro que no actúa por inspiración divina, sino por engaño.
Mientras tanto, la película muestra escenas de tortura psicológica y física, en las que Juana es sometida a preguntas capciosas y a la presión de abandonar su fe. Los jueces, en su afán de obtener una confesión, le ofrecen la oportunidad de retractarse y salvar su vida si reniega de sus visiones y de su misión. Pero Juana, con una fe inquebrantable, se mantiene firme, rechazando las presiones y reafirmando su amor a Dios y su propósito de salvar Francia. La tensión aumenta cuando los jueces la acusan de herejía y de ser una impostora, mientras ella responde con dignidad y serenidad.
La traición y la manipulación
En medio del proceso, se revela que algunos jueces y figuras cercanas a Juana están motivados por intereses políticos y personales, y que la traición forma parte de la estrategia para desacreditarla. El Obispo Cauchon, que inicialmente parece compadecerse de ella, termina siendo uno de los principales actores en su condena, al aceptar las presiones del rey y de los nobles que desean acabar con su influencia. La película muestra cómo la justicia se convierte en una farsa, en la que la verdad y la fe son sacrificadas en nombre de intereses políticos y religiosos.
A medida que el juicio avanza, Juana es sometida a una serie de torturas físicas y psicológicas, en un intento de hacerla retractarse y abandonar su ropa de hombre, que simboliza su identidad y su misión divina. La escena en la que se le obliga a vestirse con ropa de mujer, en un acto de humillación, marca un punto crucial en el proceso, ya que busca desacreditarla y demostrar que su visión fue solo una ilusión. Sin embargo, ella mantiene su dignidad y su fe, enfrentándose a la humillación con valentía, y reafirmando que su misión proviene de Dios.
La condena y el martirio
Finalmente, después de un proceso lleno de interrogatorios, torturas y manipulación, Juana es condenada a muerte por quemarla viva en la hoguera. La sentencia se dicta en una ceremonia en la que ella recibe los sacramentos y expresa su amor a Dios, en un acto de fe y sacrificio. La película muestra cómo, a pesar de las amenazas y la brutalidad, Juana enfrenta su destino con una serenidad que conmueve a quienes la observan, reafirmando su creencia en la justicia divina y en su misión.
El momento en que Juana es llevada a la hoguera es uno de los más impactantes de la película, ya que ella, con una fe inquebrantable, acepta su destino y pide a Dios que la perdone. La escena culmina con su martirio, en el que la quema viva se convierte en un acto de sacrificio supremo, y en una prueba de su pureza y convicción. La película termina con una escena en la que su espíritu parece elevarse, dejando una sensación de injusticia y de la fuerza de su fe, que trasciende la muerte y la persecución.
La historia de su sacrificio y la injusticia del proceso
La película presenta el martirio de Juana como un acto de fe y sacrificio, en el que su espíritu se eleva por encima de la injusticia del juicio. La escena en la que Juana, en la hoguera, pide a Dios que perdone a sus verdugos, refleja su pureza y su amor divino, incluso en medio del sufrimiento. La película muestra cómo los jueces, en su afán de desacreditarla, han manipulado la justicia y la verdad, en un proceso que se convierte en un símbolo de persecución religiosa y de la lucha por la verdad.
A lo largo de la película, la figura de Juana se presenta como un símbolo de integridad y fe, que enfrenta con valentía la injusticia y la traición. La escena final, en la que su espíritu parece elevarse, deja una profunda impresión de que su sacrificio no fue en vano, y que su mensaje de fe y justicia trasciende el tiempo. La película termina con una sensación de paz y de reconocimiento a su pureza, mientras la imagen de su rostro, marcado por el sufrimiento, se convierte en un símbolo de resistencia y esperanza.











