Las ovejas no pierden el tren: Reflexiones y vidas en crisis

Resumen con spoilers de: Las ovejas no pierden el tren (2014) de Álvaro Fernández Armero

Duración:103 min.
Dirección:Álvaro Fernández Armero
Guion:Álvaro Fernández Armero
Fotografía:David Azcano
Música:Mikel Salas
Reparto:Inma Cuesta (Luisa), Raúl Arévalo (Alberto), Candela Peña (Sara), Alberto San Juan (Juan), Jorge Bosch (Paco), Irene Escolar (Natalia), Kiti Mánver (Marisa), Pepo Oliva (Manolo), Miguel Rellán (Rodrigo), Pilar Castro (Paula), Petra Martínez (Isabel), Hugo Fuertes (Lucas), Álex Martínez (Ricardo).

«Las ovejas no pierden el tren» es una película que entrelaza las historias de varios personajes que enfrentan crisis personales en un contexto de crisis económica y emocional. La trama se desarrolla en un pequeño pueblo de Segovia, donde Alberto y Luisa viajan con su hijo Lucas para inscribirlo en el colegio, marcando el inicio de un relato lleno de tensiones, decisiones y cambios radicales en sus vidas. La película combina momentos de humor y reflexión, mostrando cómo cada personaje lidia con sus propios problemas y busca un sentido en medio del caos.

Desde el principio, se percibe que todos ellos están en una especie de crisis existencial, donde las oportunidades parecen haberse escapado y las decisiones del pasado los persiguen. La historia se centra en la idea de que, en la vida, a veces no solo se pierden trenes, sino que también hay que aprender a aceptar que esos trenes quizás nunca vuelvan, y que la felicidad puede encontrarse en los cambios más inesperados y en la aceptación de la incertidumbre.

La llegada al pueblo y los primeros conflictos

Alberto y Luisa llegan al pueblo con la intención de dejar a su hijo Lucas en el colegio, pero rápidamente se revela que la relación entre ellos está marcada por tensiones. Alberto, descontento con su vida y con el frío del entorno, decide dedicarse a tareas agrícolas y ganaderas, buscando un cambio radical y una forma de escapar de su rutina. Mientras tanto, Luisa se preocupa por su fertilidad y su independencia, sintiendo que su vida no avanza como esperaba, lo que genera un distanciamiento entre ambos. La relación de pareja se ve afectada por estas diferencias, y en paralelo, Luisa mantiene una relación con su madre Marisa, quien decide mudarse a un piso propio, simbolizando también un deseo de autonomía.

Por otro lado, en la misma comunidad, Juan intenta mantener su relación con Natalia, pero la enfermedad de su padre con Alzheimer empieza a complicar su vida. Juan se enfrenta a la pérdida de control y a la tristeza de ver cómo su padre se va apagando, lo que genera un conflicto emocional profundo. Mientras tanto, su hermana Sara trabaja en un restaurante y planea su boda con Paco, un periodista deportivo, pero las cosas no salen como esperaba, ya que una falsa pedida de matrimonio genera una serie de malentendidos que pondrán en jaque su relación. La película muestra cómo estos personajes lidian con sus problemas cotidianos, en un escenario que refleja la fragilidad de sus vidas.

Los secretos y las traiciones que emergen

A medida que avanza la historia, se revelan secretos y traiciones que complican aún más las relaciones. Sara descubre que Paco le ha sido infiel con otra mujer, lo que la lleva a romper su compromiso y a replantearse su futuro. La mentira de Paco, que fingió una pedida de mano para sorprenderla, termina siendo un golpe duro para ella, quien decide alejarse y buscar su propia felicidad. En paralelo, Juan y Natalia enfrentan una crisis en su relación, motivada por las dificultades y las diferencias que se han acumulado con el tiempo, y finalmente deciden separarse, aunque mantienen cierta amistad y respeto mutuo.

Mientras tanto, Alberto, en su nuevo camino agrícola, empieza a encontrar cierta paz en la sencillez del campo, pero también enfrenta obstáculos económicos y personales. La relación entre Luisa y su madre se tensa, ya que Marisa decide mudarse a un piso propio, buscando independencia, lo que genera un conflicto emocional en ambas. La película muestra cómo las traiciones, los malentendidos y las decisiones equivocadas llevan a los personajes a un punto de inflexión, donde deben decidir si continúan luchando o aceptan que sus vidas han cambiado para siempre.

La aceptación y los cambios radicales

Con el paso del tiempo, Alberto decide abandonar su vida en la ciudad y dedicarse por completo a la agricultura y el pastoreo en el pueblo, buscando una existencia más auténtica y en contacto con la naturaleza. Esta decisión marca un cambio radical en su vida, alejándose de las frustraciones y las expectativas fallidas. Luisa, por su parte, continúa enfrentando su inseguridad y su deseo de independencia, pero empieza a comprender que su felicidad no depende solo de su fertilidad o de su estatus, sino de aceptar su realidad y seguir adelante.

Por otro lado, Juan y Natalia, tras su separación, mantienen una relación cordial y se apoyan en la crianza de su hijo, aceptando que sus caminos deben seguir diferentes. Sara, tras su ruptura con Paco, decide centrarse en su propio bienestar y en su trabajo, dejando atrás las ilusiones rotas. La película muestra cómo todos ellos, a su manera, comienzan a aceptar que en la vida hay trenes que no vuelven y que, en lugar de lamentarse, deben aprender a vivir con esas pérdidas y seguir buscando la felicidad en los cambios. La historia culmina con una sensación de esperanza y la idea de que, aunque todos tienen derecho a perder sus trenes, siempre hay nuevas oportunidades para reconstruir sus vidas.

La vida continúa en medio de las pérdidas

En el último tramo de la película, Alberto se dedica plenamente a su nueva vida en el campo, disfrutando de la sencillez y la tranquilidad que tanto buscaba, mientras Luisa decide seguir su camino, aceptando que su fertilidad no define su valor. Juan y Natalia mantienen una relación amistosa, centrada en su hijo, y Sara empieza a encontrar su propio rumbo, alejándose de las expectativas ajenas. La comunidad en el pueblo se convierte en un escenario de aceptación y de nuevas esperanzas, donde cada personaje aprende a convivir con sus errores y a valorar las segundas oportunidades.

La historia termina mostrando a todos en un estado de aceptación, con la idea de que perder un tren no significa el fin del camino, sino una oportunidad para reinventarse. Alberto, en su nuevo entorno, mira hacia el horizonte con una sonrisa, mientras Luisa, Juan y Sara también encuentran paz en sus decisiones. La película deja claro que la vida continúa, que los cambios son inevitables y que, en medio de las crisis, siempre hay espacio para la redención y la búsqueda de la felicidad en las pequeñas cosas. La historia cierra con una sensación de esperanza, en la que todos aprenden que, en realidad, no hay trenes que pierdan, sino caminos que se bifurcan y nuevas aventuras que comenzar.

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