Primavera Tardía de Ozu: Reflexión sobre tradición y amor

Resumen con spoilers de: Primavera tardía (1949) de Yasujiro Ozu (Banshun)

Duración:108 min.
Dirección:Yasujiro Ozu
Guion:Yasujiro Ozu, Kogo Noda (Novela: Kazuo Hirotsu)
Fotografía:Yuharu Atsuta
Música:Senji Ito
Reparto:Chyshu Ryu (Shukichi Somiya), Setsuko Hara (Noriko Somiya), Yumeji Tsukioka (Aya Kitagawa), Haruko Sugimura (Masa Taguchi), Masao Mishima (Jo Onodera), Hohi Aoki (Katsuyoshi Taguchi), Jun Usami (Shuichi Hattori), Kuniko Miyake (Akiko Miwa), Yoshiko Tsubouchi (Kiku Onodera), Y?ko Katsuragi (Misako).

Primavera Tardía es una obra maestra del cine japonés que narra la historia de Noriko, una joven que vive en la tranquila ciudad de Kamura junto a su padre viudo, Shukichi. La película comienza mostrando la rutina cotidiana de Noriko, quien ha dedicado su vida a cuidar de su padre y mantener viva la tradición familiar, en un entorno donde las costumbres y las expectativas sociales aún pesan mucho. La historia se desarrolla en un momento en que Noriko participa en una ceremonia del té, un acto que simboliza la continuidad de las tradiciones, y luego acompaña a su padre a Tokio para realizar unos análisis médicos, en un viaje que marcará un punto de inflexión en su vida.

A lo largo de la película, se revela que Noriko recibe propuestas de matrimonio de diferentes candidatos, pero ella muestra una resistencia clara a abandonar su modo de vida y su papel como hija responsable. La historia profundiza en los conflictos internos de Noriko, quien debe decidir si seguir las expectativas sociales o mantenerse fiel a sus sentimientos y a su independencia. La película, en su estilo sobrio y naturalista, refleja la tensión entre tradición y cambio social, mientras los personajes enfrentan sus propios dilemas emocionales en un contexto donde el paso del tiempo y la nostalgia por el pasado se hacen evidentes.

La rutina y las expectativas sociales

Desde el inicio, la película presenta la vida sencilla de Noriko, quien vive con su padre en una pequeña casa en Kamura, y se dedica a las tareas del hogar con una actitud responsable y afectuosa. La relación entre Noriko y Shukichi es muy cercana, y ambos comparten un vínculo lleno de cariño y respeto, en un ambiente donde la familia y las tradiciones son fundamentales. Sin embargo, la tensa realidad social se hace evidente cuando la tía Masa, una mujer mayor y tradicional, sugiere que Noriko debería casarse con un candidato adecuado, lo que genera un conflicto interno en la joven, que no desea abandonar su independencia ni alejarse de su padre.

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Luego de la ceremonia del té, Noriko acompaña a su padre a Tokio, donde él debe realizarse unos análisis médicos y visitar a unos familiares. Durante este viaje, Noriko empieza a reflexionar sobre su futuro, enfrentándose a las presiones de la sociedad y a las expectativas familiares que insisten en que debe casarse para asegurar su estabilidad. A pesar de las propuestas que recibe, Noriko se muestra reacia a aceptar un matrimonio, ya que prefiere seguir cuidando de su padre y mantener su modo de vida, lo que provoca cierta incomodidad en su entorno, que ve en ella una mujer que desafía las normas tradicionales.

Mientras tanto, en Tokio, Noriko conoce a un amigo de la familia, un hombre llamado Kenkichi, quien también ha llegado para visitar a sus parientes. Aunque hay una cierta simpatía entre ellos, Noriko no siente interés en una relación romántica, pues su prioridad sigue siendo su familia y su deseo de mantener la estabilidad emocional de su padre. La tensión entre las expectativas sociales y sus propios sentimientos se intensifica cuando su tía Masa insiste en que Noriko debería aceptar una propuesta de matrimonio para asegurar su futuro, pero ella se resiste, reafirmando su deseo de seguir siendo fiel a su independencia y a su modo de vida.

La decisión de Noriko y el viaje a Kioto

A medida que avanza la historia, Noriko recibe varias propuestas de matrimonio, pero ninguna logra convencerla completamente, ya que ella siente que aún no está lista para abandonar su papel de hija dedicada. Entonces, en un acto de determinación, decide realizar un viaje a Kioto junto a su padre, con la intención de pasar unos días en un entorno que simboliza la tradición y la historia de Japón. Durante ese viaje, Noriko y Shukichi comparten momentos emotivos, en los que ambos expresan sus sentimientos y reconocen la importancia de la felicidad personal por encima de las expectativas sociales.

En Kioto, Noriko se encuentra con antiguos amigos y familiares, quienes también enfrentan sus propios dilemas relacionados con el cambio social y la tradición. La relación entre Noriko y su padre se fortalece aún más en ese viaje, y en un momento clave, Shukichi le confiesa que, aunque le gustaría que Noriko encontrara un compañero, también desea que ella sea feliz a su manera. La escena culmina con una emotiva despedida en la estación, donde ambos se despiden con lágrimas en los ojos, sabiendo que el tiempo y las decisiones que tomen marcarán sus vidas para siempre.

La despedida y la aceptación del destino

De regreso en Kamura, Noriko continúa enfrentando las presiones para casarse, pero ella mantiene su postura firme, rechazando las propuestas que recibe. La tía Masa, aunque preocupada, empieza a comprender que Noriko no desea seguir el camino tradicional impuesto por la sociedad, y en una escena llena de simbolismo, Noriko decide no aceptar ninguna propuesta formal, dejando en claro que prefiere seguir cuidando de su padre y respetando sus propios sentimientos. La película muestra entonces la soledad que puede acompañar a quienes desafían las expectativas sociales, pero también la importancia de la autenticidad y la fidelidad a uno mismo.

En los momentos finales, Noriko acompaña a su padre a la estación para despedirse, y en un acto lleno de ternura, ambos expresan su amor y gratitud mutua. Shukichi le confiesa que siempre estará orgulloso de ella, y Noriko, con lágrimas en los ojos, le asegura que siempre será su hija y su apoyo. La película termina con Noriko regresando a su hogar, aceptando que su vida seguirá marcada por la tradición, pero también por su propia felicidad y libertad de decidir su destino, en un escenario donde la familia y el paso del tiempo permanecen como pilares fundamentales.

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