Despertares : Esperanza y ética en la recuperación neurológica

Resumen con spoilers de: Despertares (1990) de Penny Marshall (Awakenings)

Duración:121 min.
Dirección:Penny Marshall
Guion:Steven Zaillan (Novela: Oliver Sacks)
Fotografía:Miroslav Ondricek
Música:Randy Newman
Reparto:Robert De Niro (Leonard Lowe), Robin Williams (Dr, Malcolm Sayer), Julie Kavner (Eleanor Costello), Ruth Nelson (Sra. Lowe), John Heard (Dr. Kaufman), Penelope Ann Miller (Paula), Alice Drummond (Lucy), Judith Malina (Rose), Barton Heyman (Bert), George Martin (Frank), Anne Meara (Miriam).

Despertares (1990) es una película que narra la historia real del Dr. Malcolm Sayer, un neurólogo que trabaja en un hospital de Nueva York y se dedica a estudiar pacientes en estado catatónico tras una epidemia de encefalitis letárgica. La trama comienza con la llegada de estos pacientes, que parecen estar en un sueño profundo, sin responder a estímulos y sin mostrar signos de conciencia, lo que genera una sensación de desesperanza en el personal médico y en sus familiares. La película presenta la esperanza como un elemento central, pero también plantea dilemas éticos sobre la naturaleza de la vida y la dignidad de los pacientes, en un contexto donde la ciencia intenta avanzar en sus límites.

Mientras tanto, el Dr. Sayer, un médico con un enfoque innovador y algo excéntrico, comienza a observar con atención a uno de estos pacientes, Leonard Lowe, quien muestra algunos movimientos involuntarios y reacciones mínimas. A partir de esas observaciones, el doctor decide experimentar con una medicación llamada L-Dopa, un tratamiento que en ese momento se usaba para el Parkinson, con la esperanza de que pueda devolverles la vida y la conciencia a estos pacientes. La historia se desarrolla en un ambiente de incertidumbre, donde la ciencia y la ética se enfrentan en cada decisión que toman los personajes.

La recuperación de Leonard y los primeros avances

Después de administrar la L-Dopa a Leonard Lowe, el paciente comienza a mostrar signos de recuperación, sorprendiendo a todo el equipo médico y a sus familiares. Leonard despierta de su estado catatónico y empieza a interactuar con su entorno, reconociendo a las personas que lo rodean y mostrando emociones que parecían perdidas. La esperanza crece en el hospital, y todos creen que han encontrado una cura posible para estos pacientes que parecían condenados a la vegetación. Sin embargo, esta recuperación no es duradera, y pronto se revela que la enfermedad no ha sido completamente erradicada, sino que solo ha sido temporalmente controlada.

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A medida que Leonard experimenta momentos de lucidez, también enfrenta dificultades para mantener su conciencia y sus habilidades, ya que la enfermedad vuelve a avanzar lentamente. Además, el tratamiento con L-Dopa tiene efectos secundarios y no puede mantenerse por mucho tiempo debido a los recursos económicos y éticos. La película muestra cómo los pacientes, tras disfrutar de un breve período de recuperación, vuelven a caer en un estado más profundo, enfrentando la realidad de su condición y la pérdida de las habilidades que lograron recuperar. La historia se vuelve un reflejo de la fragilidad de la vida y la lucha constante por mantener la dignidad.

La lucha ética y los conflictos internos

Mientras tanto, el Dr. Sayer se enfrenta a conflictos éticos sobre si debe continuar con el tratamiento, dado que los efectos son temporales y los recursos son limitados. La administración del hospital y los familiares de los pacientes también expresan dudas sobre si vale la pena seguir invirtiendo en un tratamiento que solo ofrece una recuperación momentánea. La película muestra cómo la esperanza puede ser tanto un motor como una fuente de sufrimiento, ya que la recuperación de Leonard y otros pacientes genera expectativas que luego se ven frustradas, dejando a todos en un estado de tristeza y resignación.

Por otro lado, el personaje de la enfermera Eleanor, quien inicialmente duda del tratamiento, termina apoyando la decisión de seguir intentando salvar a los pacientes, mientras que otros personajes, como el director del hospital, prefieren detener los recursos en tratamientos que no garantizan resultados duraderos. La tensión entre la ética médica, la economía y la dignidad de los pacientes se intensifica, llevando a decisiones difíciles que afectan a todos los involucrados. La película muestra cómo la ciencia puede ofrecer esperanza, pero también plantea preguntas sobre los límites de la intervención médica y la calidad de vida.

La tragedia y el sacrificio personal

Con el paso del tiempo, la enfermedad de Leonard y los demás pacientes vuelve a avanzar, y la recuperación que habían experimentado se desvanece. Leonard, que había llegado a reconocer a sus seres queridos y a disfrutar de momentos de lucidez, se encuentra nuevamente en un estado de deterioro progresivo. La película revela que, a pesar de los esfuerzos, la enfermedad es implacable y no puede ser detenida por completo. La tristeza se apodera de la historia cuando Leonard, en un momento de deterioro, muere en el hospital, dejando un vacío en todos los que lo conocieron y en la comunidad médica que luchó por salvarlo.

El Dr. Sayer, quien había desarrollado un vínculo especial con Leonard, se siente profundamente afectado por la pérdida, pero también reafirma su compromiso con la ciencia y la ética. La película muestra cómo la lucha por salvar vidas puede tener un costo emocional muy alto, y cómo los sacrificios personales son parte del proceso de avanzar en la medicina. La historia termina con una reflexión sobre la fragilidad de la condición humana y la importancia de valorar cada momento de conciencia y vida, incluso cuando la recuperación no es definitiva.

La memoria y el legado de los pacientes

Tras la muerte de Leonard, el hospital decide dejar de administrar la medicación y volver a un estado más natural para los pacientes que aún permanecen en el hospital. La película cierra con una escena en la que el Dr. Sayer reflexiona sobre los logros y las pérdidas, reconociendo que, aunque la esperanza puede ser efímera, el esfuerzo y la empatía son fundamentales en la medicina. La historia de Leonard y los otros pacientes queda como un testimonio del poder de la ciencia y la ética, y de la importancia de respetar la dignidad de quienes enfrentan enfermedades neurológicas severas.

Finalmente, la película deja en claro que, aunque la recuperación completa no siempre es posible, los momentos de lucidez y la lucha por la vida tienen un valor inmenso. La historia de estos pacientes, sus recuerdos y las lecciones aprendidas, permanecen en la memoria de todos los que participaron en su cuidado, inspirando a futuras generaciones a seguir buscando soluciones con humanidad y respeto. La película termina con una sensación de esperanza, pero también con una aceptación de la fragilidad y la complejidad de la condición humana.

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